Talento joven: presente y futuro de nuestra Nación

Gana terreno la idea de organizar un proyecto de política socioeconómica para los talentos jóvenes de Argentina.

El mundo está cambiando a una velocidad cósmica. ¿Estamos haciendo todo lo posible por retener el talento en la Argentina, brindando mejores condiciones para que los jóvenes apuesten a crecer en nuestro país? No cabe duda que estamos atravesando tiempos complejos y desafiantes, y que no se puede pensar el futuro sin pensar para y con los jóvenes.

 

La idea de que la sociedad argentina organice un proyecto de política socioeconómica para los talentos jóvenes de nuestro país, gana terreno.

Luego de mucho tiempo en que solo se trataba de una referencia utópica, surge cierto consenso: la única manera de revertir este proceso de décadas de decadencia, es a través de un pacto que defina prioridades estratégicas y coordine esfuerzos de los gobiernos y de la sociedad civil.

Para ello es imprescindible definir un conjunto de instrumentos respaldados por un núcleo crítico de intereses y metas.

Una política para la juventud implica solidarizarnos con sus problemas, y ofrecer soluciones concretas. El trabajo deberá inicialmente definir las necesidades, estar dispuesto a escuchar a todos, conocer los nuevos modelos puestos en práctica en el mundo desarrollado de interacción estratégica, sostenible en el tiempo.

La pandemia está dejando huellas no solo en los adultos sino también en los jóvenes. Planteos acerca de la muerte también los acosa. El Covid 19 nos ha puesto cara a cara con nuestra finitud, al perder las ilusorias certezas. El virus nos llevó a reconocer nuestra fragilidad y tomar decisiones ante la eventual posibilidad de nuestra muerte cercana.

Como la era científico-tecnológica implica la movilidad de los conocimientos y la renovación de las “innovaciones”, la enseñanza debe consagrar un esfuerzo menor a la distribución y al almacenamiento del saber adquirido, y prestar una mayor atención al aprendizaje de los métodos de adquisición (aprender a aprender).

Sabemos que el modelo académico todavía prestigioso en tantos países, y que produce en ciertas condiciones de época y sociedad, los resultados que de él se esperaban, hoy difunde conocimientos obsoletos, no útiles para enfrentar el mundo del siglo 21.

 

¿Dónde y cómo se enterará un joven de qué se trata la innovación en nuestra postergada región?

 

Para lograr el propósito de que los jóvenes argentinos se capaciten (en nuestro país o en el exterior) pero trabajen aquí, se deberá organizar un desarrollo económico inclusivo, sostenible y capaz de albergar el buen funcionamiento de las instituciones políticas, otorgándole a la educación el lugar que tuvo, y que nunca debió perder.

Es sensato reconocer que estamos enfrentando el enorme desafío de desarrollar una república moderna, y que a partir de la crítica situación actual, ofrezcamos a la sociedad una visión que exceda la coyuntura, que ayude a asumir las políticas de desarrollo necesarias a fin de construir una argentina sustentable y justa.

Convendrá intensificar nuestro ingreso a la economía del conocimiento. No seremos desarrollados si no somos innovadores, y no seremos innovadores por pura magia. Para ello debemos vincular más estrechamente a las empresas con las instituciones académicas.

Borges advirtió a través de la lectura de Sarmiento una rara condición intelectual en él: “Sarmiento ejecuta la proeza de ver históricamente la actualidad, de simplificar e intuir el presente como si ya fuera pasado”.

Buena parte o la mayor parte de nuestra discusión política va al revés: discutimos lo pasado como si fuera presente y nos descuidamos de lo que ya está siendo futuro

Norma Cadoppi autora de esta columna en Diario Clarin preside el Foro Estratégico para el Desarrollo Nacional.

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